Nubes, cielos y arcoiris... se mezclan con nubes y lluvias.
Llantos, recuerdos y melancolía... no quiero dejar atrás lo que hoy es presente.
No quiero que las cosas cambien, pero quiero crecer.
No quiero perder mi rayo de luz, pero tengo que arriesgarme en la lluvia para encontrar el sol y lo que llamaré hogar.
No quiero decir adiós, pero un hasta siempre nunca dura en la memoria hasta el final de los tiempos.
Los recordaré, aunque lentamente vayan desvaneciéndose de mi mente, aunque vaya olvidando pequeños detalles... estarán en mi memoria.
Lo fundamental nunca se pierde, los recuerdos destellantes siempre quedan allí.
No quiero decir adiós.
No quiero decir adiós.
Pero duele pensar que no volverá a ser como antes.
No quiero llorar, pero extrañaré las sonrisas y los saludos.
No quiero decir adiós.
No quiero contar los pasos que he dado hasta aquí; ha sido mucho el camino que he recorrido.
Han sido muchos los sentimientos que he recibido... duele contar los abrazos que no se repetirán, los llantos que no serán amortiguados por brazos y caricias de gente que ahora quiero mucho y que aún puedo tener cerca, pero a la cual será más complejo recurrir.
Atardeceres con risas y conocimientos, con palabras que calaron hondo, que dejaron una marca, una cicatriz que es bienvenida.
Gracias a todas las personas que estuvieron a mi lado.
A todas las sonrisas sinceras, a todas las risas que me ayudaron a subir el ánimo.
A todos los abrazos, a todas las pequeñas conversaciones, a las compañías silenciosas, a los encuentros furtivos, a los consejos para bien o para mal, a quienes me escucharon cuando más lo necesité.
A todos y cada uno de ustedes, mi más humilde, sincero y profundo agradecimiento.
lunes, 16 de noviembre de 2009
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